Partir. Por Carlos Valadez.
Tú. Tus cartas que nunca leí, que nunca di la oportunidad de que escribieras, eso es lo que me pesa más en este partir.
La contrastante felicidad de los niños presentes contra toda esa ropa oscura, sus risas, su voz chillona, me hacen amar la vida, me hacen pensar en ti, en lo felices que pudimos ser. Pero ahora es imposible porque yo decidí partir.
Partir para no volver, para no pensar en no estar contigo, en no tenerte a mi lado. Precisamente ahora es cuando más te pienso, cuando este dolor es más fuerte que el que me hizo estar en el lugar en el que ahora estoy.
Partir para de nuevo partir. Es el final de este nuevo principio. Ese terminar que me puso al inicio y que ahora no sé si es posible volverlo a cortar de tajo. Solo sé que te pienso y que tampoco estas aquí conmigo.
Ahora desde donde estoy solo ansío estar contigo, la decisión de partir revertirla en un ir en tu búsqueda, en tu encuentro. Nunca te conocí y ahora se nunca te conoceré. Solo sé que por ti decidí partir.
Carlos Valadez Leal
De cuenta cuentos
Y más
martes, 7 de septiembre de 2010
Mini cuentos por Carlos Valadez.
La penitencia ortodoxa.
Para ser perdonado te tienes que despojar de todo lo que tienes me dijo el sacerdote. Regalé mi carro, vendí mí casa y doné el dinero a causas sociales, regalé cada una de mis pertenencias, después horrorizado descubrí que todavía me quedaba una. Inmediatamente me quité la vida.
Exceso de sueño.
Después de recibir el beso del príncipe la bella durmiente abrió sus hermosos ojos. Tenía tanta flojera que bostezo y se volvió a dormir.
Paciente.
Amaba tanto la sombra de los árboles que llegando a su casa plantó dos semillas y se sentó a esperar.
Lo que nunca falla.
No tenía ganas de soportar a mi esposa. Así que en cuanto llegue a casa le pedí sexo.
Inteligente.
El mayor acto de inteligencia es hacer creer a los demás que los inteligentes son ellos.
Feliz pasado.
No hay presente feliz, hay pasados felices, así hayan transcurrido tan solo algunos segundos de haberse convertido en pasado.
Los presentes más felices siempre están en el pasado, el presente más valioso es el que recordaras en el futuro.
Vértigo
Siento el mundo a mis pies, todo el mundo debajo de mis piernas temblorosas. Completo. Con sus calles y carreteras, niños y adultos, días y noches, casas y edificios, todo se funde debajo de mí y esa imagen me provoca horror.
El sudor recorre mi cuerpo la líneas de mis manos se convierte en ríos y mis extremidades desagües que hacen que esta lluvia caiga sobre todo ese universo, como una tormenta implacable, que mas que atemorizarlos a ellos me aterroriza a mi.
El abismo esta frente a mí y me dejo caer.
Para ser perdonado te tienes que despojar de todo lo que tienes me dijo el sacerdote. Regalé mi carro, vendí mí casa y doné el dinero a causas sociales, regalé cada una de mis pertenencias, después horrorizado descubrí que todavía me quedaba una. Inmediatamente me quité la vida.
Exceso de sueño.
Después de recibir el beso del príncipe la bella durmiente abrió sus hermosos ojos. Tenía tanta flojera que bostezo y se volvió a dormir.
Paciente.
Amaba tanto la sombra de los árboles que llegando a su casa plantó dos semillas y se sentó a esperar.
Lo que nunca falla.
No tenía ganas de soportar a mi esposa. Así que en cuanto llegue a casa le pedí sexo.
Inteligente.
El mayor acto de inteligencia es hacer creer a los demás que los inteligentes son ellos.
Feliz pasado.
No hay presente feliz, hay pasados felices, así hayan transcurrido tan solo algunos segundos de haberse convertido en pasado.
Los presentes más felices siempre están en el pasado, el presente más valioso es el que recordaras en el futuro.
Vértigo
Siento el mundo a mis pies, todo el mundo debajo de mis piernas temblorosas. Completo. Con sus calles y carreteras, niños y adultos, días y noches, casas y edificios, todo se funde debajo de mí y esa imagen me provoca horror.
El sudor recorre mi cuerpo la líneas de mis manos se convierte en ríos y mis extremidades desagües que hacen que esta lluvia caiga sobre todo ese universo, como una tormenta implacable, que mas que atemorizarlos a ellos me aterroriza a mi.
El abismo esta frente a mí y me dejo caer.
jueves, 2 de septiembre de 2010
EL ROCE DE TU CUERPO. POR CARLOS VALADEZ.
La mano creaba olas en el cuerpo desnudo que recorría lentamente. Parecía sólo rosarlo, pero al pasar sobre la piel la grababa con un leve rosa, haciéndolo de su propiedad. La piel respondía, los vellos eran girasoles, todo el terreno en que descansaban estaba recién mojado, húmedo; esa mano era su sol, la cual, sin la menor compasión aplastaba todo a su paso.
Su boca jadeaba, los labios se contraían para después abrirse dejando ver su contenido. Una lengua excitada ahogándose en saliva, queriendo experimentar placer, buscando su contraparte, la cual llegó minutos después para dominarla, para bailar juntos un excitante baile, no era necesario sudar, estaban completamente mojados, el líquido los hacía uno.
No terminaba la pelea cuando Gabriel apagó la pantalla. No podía seguir viendo esas imágenes que le provocaban un dolor tan grande, una opresión en el pecho, mezcla de excitación y tristeza. Una enorme lágrima hizo erupción por su ojo derecho e inmediatamente su traje la hizo evaporar. Eso le hizo hervir la sangre, él quería sentir esa gota escurrirse por su mejilla, que llegara a sus labios y sentir el sabor salado que había leído tendría que tener. Odiaba estar prisionero dentro de ese maldito uniforme que ya no le permitía ser humano, ni a él ni a todos los demás.
Desde pequeño se había sentido claustrofóbico dentro del traje –es algo normal, le había dicho el Doctor a su madre, el cuerpo rechaza algo que no es natural, pero después de un tiempo se acostumbra, agréguele cada noche dos gotas de este medicamento en la ranura de alimentación, eso lo calmara-. Pero nunca fue así, Gabriel nunca sintió alivio, lo manifestó, pero su cerebro sabía que no era así.
A los 15 años fue cuando Gabriel vio su primera película antigua: “Vértigo”. Cuando por primera vez los protagonistas se besaban sintió que el corazón se le iba a salir del cuerpo, ¿Cómo actualmente el hombre no podía experimentar eso? Esa unión, ese ser uno. Soñó durante varios meses que quien besaba a Kim Novak era él, ella fue su primer amor. Las películas antiguas se volvieron su obsesión, tantas imágenes lo volvían loco: una sensual Sofia Loren al sol, Marlon Brando como una fiera llena de lujuria, Anita Ekberg mojándose en la fuente de Trevi, Kim Basinger al desnudo embarrada de comida, o ver a Brad Pitt recibir una tremenda golpiza eran placeres que para Gabriel no tenían comparación.
El mundo era frío, el traje que todos debían de portar no sólo los protegía del sol sino que aislaba los corazones, los disecaba, volviéndolos a todos unos eternos hombres de hojalata sin la menor intención de pedirle al mago de Oz el oírlos latir. Esos corazones estaban mudos, sabías que estaba ahí pero nunca lo podías escuchar, quien te hablaba era omnipresente traje, el cual te enseñaba lo que necesitaras, te conectaba con el mundo moderno, donde podías obtener todo, menos una caricia, un abrazo caluroso, un beso que te calara el alma. ¡Qué dichosos habían sido los humanos de esas décadas pasadas! Ahora todos sus descendientes pagaban por sus pecados, por su estupidez. El sol era ahora el verdugo de toda la humanidad.
Gabriel se sentía diferente a los demás, por lo mismo se especializó en historia y comportamiento humano, le obsesionaba saber cómo eran las sociedades a principios del siglo 21, cómo había evolucionado el hombre desde el siglo 20. Le hubiera gustado ser profesor en esas épocas en las cuales los alumnos apilados en salones de clases bombardeaban a sus profesores con dudas, ahora todo era tan mecánico que en realidad el verdadero profesor estaba integrado en la prisión que el tanto odiaba.
A pesar de la animadversión él también había sabido sacarle provecho a esta tecnología, y de la manera más impersonal por medio de un anuncio había conocido a Ana, primero intercambiaron en incontables ocasiones pensamientos, llegaron a conocerse tanto que incluso creyó no era necesario hacerlo en persona, pero eso lo asusto, se estaba volviendo uno más de los borregos robotizados que tanto odiaba, así que tuvieron su primera cita, pero no una holográfica sino una en la que en realidad estuvieran frente a frente.
La experiencia para Ana fue única y diferente, no sólo encontró detrás del espejo protector del traje de Gabriel a otro ser humano físicamente atractivo, sino que pudo sentir una pasión genuina en cada palabra que él pronunciaba, algo que sólo había encontrado en esos clásicos de la literatura que en algún momento había tenido que guardar en la memoria. Sintió algo muy diferente a todo lo antes experimentado, ganas de estar con él para toda la vida, la seguridad de que él era la persona con la que habría de mezclar sus genes sin necesidad de hacerlo por medio de un test computarizado, ella podía tomar una decisión que sabía ahora para nadie resultaba interesante tomar.
Gabriel y Ana crearon un mundo diferente a como las pocas parejas actuales vivían sus vidas. El único impedimento para ser completamente felices era la eterna ansia de Gabriel de quererla tocar, recorrerla con su lengua, sentirla, olerla. Ana lo amaba tanto que se sentía impotente pero muy dentro de ella sabía que ella deseaba lo mismo.
El día de su décimo aniversario juntos Gabriel y Ana se miraron cómplices. Sabiéndose plenos, amados, decidieron celebrar esa hermosa década que había valido lo que ni una vida entera podría significar para los demás.
Minutos después caos, ruido descomunal, alarmas de luces. No pasaron más de cinco minutos cuando una docena de máquinas y algunos hombres irrumpieron en su hogar. Sus trajes habían dado la llamada, los portadores necesitaban ayuda. Los trajes fueron encontrados vacios. Gabriel y Ana por fin se habían fundido, se habían convertido en un solo ser que yacía inerte en un costado de la habitación. La pantalla holográfica mostraba un mensaje que a manera de nota póstuma brillaba iluminando la habitación semi oscura: TODO VALIÓ LA PENA POR TAN SÓLO SENTIR UN MINUTO EL ROCE DE TU CUERPO.
In crecendo
Los rayos del sol cacheteaban sus mejillas queriendo castigarla con fuerza.
-¿Por qué me vine por esta avenida?- se pregunto Mónica.
Miraba impaciente su reloj. El segundero caminaba flojo, se burlaba de ella al igual que el sol implacable que continuaba su atroz azote.
Se estaba derritiendo. Toda ella. Sentía como las gotas de sudor le recorrían el cuerpo. Se escabullían por su columna vertebral escapándose de la prisión que ejercía su espalda contra el asiento de su vehículo.
Reacomodo el escudo protector que frente a ella la tapaba del sol. Temerosa dudo en verse en el espejito integrado.
-Me derrito como un muñeco de cera- pensó.
Imaginó parte de su ojo derecho escurriéndose por su cachete, lo seguía de cerca su ceja queriendo ganar la carrera que con mucha ventaja tenía ganada su boca que colgaba hasta el piso de su coche.
-Picasso me amaría- pensó Mónica divertida y lamentando que esos comentarios sarcásticos solo ocurrieran en su cabeza y no con los demás, que sin duda admirarían su sentido del humor mordaz e ingenioso.
Hizo ladrar a su coche el cual se unió a la jauría de vehículos que inútilmente escandalizaban sin lograr avanzar un solo centímetro.
Desesperada en ese sauna en el cual se encontraba prisionera contenía sus ganas de gritar, de decir las peores barbaridades. Hervía por dentro y no sabía cuánto más podría contenerse. Su cuerpo echaba humo y por fin la olla de presión en la que se había convertido explotó dejando salir todo su contenido.
Después de eso silencio.
Todos la veían. Una señora le tapó los oídos a su pequeño hijo. Un anciano se persigno. Un señor de traje la veía con reproche. Una pareja que peleaba en el coche delante del de ella dejó de pelear. La adolecente del coche continuo bajó el celular de su oreja y la miraba fijamente.
Ella ya no pertenecía a la manada. El ventrílocuo había hablado cuando el muñeco es el único que puede hacerlo.
Todos se alejaron de ella. Los perros rabiosos ya no ladraban. Estaba apestada. Mónica prendió su coche y se dispuso a avanzar. Mañana tendría su revancha.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Temática
Algunos cuentos y otros escritos y relatos, pues una de mis pasiones es escribir así como el teatro.
Bienvenidos y muchas gracias por leer.
Atte: Carlos Valadez Leal.
Bienvenidos y muchas gracias por leer.
Atte: Carlos Valadez Leal.
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